¿Cuántas veces terminaste el día preguntándote si estás haciendo las cosas bien?
Quizás te prometiste que hoy no ibas a gritar.
Pero llegó el cansancio.
La rabieta.
El “¡NO!” por décima vez.
La pelea por bañarse.
La discusión para apagar la pantalla.
Y en algún momento… perdiste la paciencia.
Después llegó esa sensación conocida: culpa.
“¿Por qué reaccioné así?”
“Yo no quería ser este tipo de mamá/papá.”
“¿Le estaré haciendo mal?”
“Debería tener más paciencia.”
“Todos parecen saber cómo hacerlo… menos yo.”
Pero hay algo que necesitás saber
“
Que tengas momentos difíciles no significa que estés criando mal.
Significa que sos una persona criando a otra persona.
Y ninguna de las dos viene con un manual.